Tenían razón mis amantes en eso de que, antes, el malo era yo,
con una excepción: esta vez, yo quería quererla querer y ella no.
Así que se fue, me dejó el corazón en los huesos y yo de rodillas.
Desde el taxi, y, haciendo un exceso, me tiró dos besos... uno por mejilla
Joaquin Sabina
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