Cada una de esas palabras que pensaba, revoloteaban por cada una de mis neuronas hasta transformarse en palpitares, creando cada una de esas ondas que se convertían en impulsos, aquellos que me hicieron agarrarte de la mano y caminar por las calles tenues de nuestro barrio, soportando miradas de todos los intrusos conmocionados por nuestro destino. Aun así tu me tomabas en tus brazos, me juntabas contra tu pecho, quitándome todas mis fuerzas; cada suspiro que provocabas hacia que yo percibiera tu aroma, cerrando los ojos y vagando por un lugar terriblemente desconocido. Cada oleada de viento, acariciaba mi cabello, mientras tu, posando tus grandes ojos sobre mi, pasabas tu mano para peinarme, para dejarme perder en esa alma desnuda que intensamente me hacia perder la cabeza. Tú, un hombre sin nombre, pero que tengo enterrado en mi corazón, en cada glóbulo que diariamente pasa por mis venas, y si, me hace vivir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario